De nuevo estoy de vuelta!

Hola! Bonjour! Buongiorno!

No!. No estaba desaparecida!. Para tranquilidad de los que extrañaban la acidez de mis comentarios, y para la acidez de quienes aún sienten mi bitácora como una pesadilla estomacal…

Estuve de nuevo por “las Europas”!.

Sí Kristina, llegaste tarde!. No necesito ninguna declaración jurada para ejercer mi derecho de disfrutar y aprender.

Por lo primero, (vos) ya sabés cómo se lo puede pasar bajo las luces de la Torre Eiffel en París y los encantos de Roma y Florencia, fantaseando en el glamour de la Costa Azul o navegando por Capri y Venecia.

Por lo segundo, podés imaginarte tooooodo lo que “traje” para decir y capitalizar en pos de nuestros comercios locales.

Ya sé que muchos saltarán con el trillado “Cómo nos vas a comparar con Europa!”. Bueno, a esos les digo que tienen la opción de buscar ejemplos en Angola (chan!), y después me cuentan que tal les va…

A propósito, si alguien vio a Kristina gastando sus kwanzas en diamantes brutos por Luanda que avise… (capaz que también le aceptan patacones…).

Hasta lo que yo sé, las carteritas y pepés que usa se pagan en DÓLARES convertidos a EUROS en la Av. Champs Elysées o Montaigne de París y en la Via Condotti de Roma.

Volviendo…

Iremos de a poco para evitar el “jet lag” de información. Hay muchas fotos y muchos ejercicios de analogías que vamos a ir desarrollando.

Por ahora te adelanto los temas:

FRANCIA E ITALIA. Cuna de las mejores marcas de moda del mundo. De hecho en París está el grupo LVMH, el coloso global de artículos de lujo.

¿Qué marcas?. Las que siempre vemos en las revistas más caras y en la vida de celebrities y empresarios de Forbes. Las que ahora tuve la suerte de ver en su máxima expresión en sus lugares de origen (y también de soltar alguna baba…).

De FRANCIA:

Chanel, Dior, Vuitton, Hermés, Cartier, Ralph Lauren, Ives Saint Laurent, Galliano, Givenchy, Moncler, Boucheron

De ITALIA:

Gucci, Prada, Dolce&Gabanna, Armani, Cavalli, Versace, Fendi, Bulgari, Valentino, Salvatore Ferragamo, Ermenegildo Zegna, Gianfranco Ferré, Emilio Pucci, Trussardi

Más las de belleza como Lancôme, L’Oreal, Estée Lauder, Guerlain, Céline, Sephora… (que las ves en las mejores “rues” o lugares exquisitos como Gallerías Lafayette).

Más las de bebidas como Dom Pérignon, Moët & Chandon, Mercier, Château y Hennessy

Más los autos como Renault, Peugeot, Citroën, Ferrari, Fiat, Maserati, Alfa Romeo, en sus impresionantes salones de venta. Te cuento que las proyecciones en led y la puesta escenográfica aguillotinan cualquier vieja idea…

Show aparte para los coches que te pasan rozando por la calle, literalmente en Italia, donde en cada callejuela adoquinada tiene que entrar tutto (la Ferrari, la Vespa, la bici y los turistas que los esquivan por las sendas “pedonales”).

Y todas las grandes marcas con impactantes locales y gráficas, en edificios, en soportes publicitarios, transportes y aeropuertos. Mirando un poquito para arriba no te quedan dudas de cuáles son las “vedette”, las “étoile”, las “grosas”!!!

Qué más te puedo agregar… Que franceses e italianos también tienen los hoteles más lujosos como el Ritz o el Marriot y los puertos más caros y fetiches del jet set internacional como Capri, Cerdeña, Niza, Mónaco y Saint Tropez.

Algo saben los muchachos. Sólo hay que tener la humildad de aprender la lección. Porque en definitiva, atrás de todo eso hay MARCAS, inspiradas, creadas y alimentadas en función de lo que quiere la gente.

¿Y cómo podemos sacar algo que nos sirva acá?. Empezando por ver cuáles son los puntos en común sobre los que arman sus imperios.

Eso que hacen de uno u otro modo y que evidentemente les da RESULTADO.

Te lo resumo en 5 puntos:

 

1- La identidad de los colores

 

Cada marca explota al máximo su gama personal. Por eso ves sin lugar a confusión:

Los stores coloradísimos de Ferrari y sus vendedores de overol idem como recién bajados del F1.

Las clásicas remeras rayadas (azul y blanco o rojo y blanco) de los gondolieri venecianos o los marinos de Capri.

El impecable negro y blanco de Chanel y el codiciado print marrón y beige de Vuitton.

Los colores unidos de Benetton y de muchas otras marcas que hoy también se juegan por cualquier combinación. Eso sí, cuando venden color, todo el ambiente acompaña hasta sacarte al menos tres “Mamma mia!!!”.

El “azzurro” de los bombones italianos, el marrón de la Maison du Chocolat, o el multicolor infantil de los macarones de París. O sea, si en Italia ves chocolates azul Francia, son los Baci. Si en Francia ves alfajores más vistosos que traje de tarantella, son los originales Ladurée o Pierre Hermé.

Y algo caso obvio, pero no por eso menos efectivo: los colores de la bandera aplicados en todo lo que se deje… De hecho las “marcas país” (junto con los clubes de fútbol) son los ejemplos más fuertes de identidad a través de los colores.

¿Pensaste qué bueno sería que tu marca se reconozca de una pincelada?. Bueno, a no ser que en Junín seamos daltónicos, también se puede usar el recurso!.

 

2- El merchandising omnipresente

 

Te venden todo lo “asociado” que puedas imaginarte. Lo que también hace perfecto Disney, esta vez en su versión “Euro” de París.

Los galos hacen gala de su buen gusto en pot-pourri que incluye delantales de chef, arte romántico y brillos en remeras, bolsos y accesorios. Redoblan el glamour con los souvenirs principescos de los Grimaldi, el merchandising oficial del Grand Prix de Mónaco y las postales, libros y libretitas de María Antonieta, Napoleón y “los Luises” en el Palacio de Versailles. Pero por ser una de las capitales más lindas y visitadas del planeta, no puede resistirse a sacarle el champagne (jugo no va) a su símbolo supreme. Así, la pobre Torre Eiffel pasa de llavero a velador y otras petit-aplicaciones más deformes que el Jorobado de Notre Dame. Igual chapeau para los franceses, Master de la Sorbonne en Marketing!!!.

Los tanos hacen lo propio con la exageración que los caracteriza. Desde la torrecita inclinada y el Pinocho de Pisa, pasando por réplicas y homenajes a la Vespa, maravillosas máscaras venecianas y “coliseítos” inservibles, hasta lo que nunca creíste que te puede vender el Vaticano: remeras, gorritas, tacitas, puzzles, relojes, bolitas para el arbolito y bolsas de “La Creación” de Michelangelo para hacer los mandados!.

Las fotos no serán las mejores, pero sirven de prueba…


3- La
s presencias promocionales

 

Para cada acción tienen un personaje “estrictamente” alusivo. Ejemplo: los estilo Casanova para repartir los programas en la ópera de Venecia hasta los gladiadores para la foto de color en Roma.

Jamás verás a alguien de jean y zapatillas volanteando para invitarte a un lugar temático.

¿Quién dice que es sólo para pasar la gorra a los turistas?. Cualquier negocio los tiene y acá no hay nada que lo impida (excepto la falta de creatividad). No necesitás estar en el carnaval de Venecia. Un disfraz sale muy poco y puede hacer una gran diferencia.


4- El poder de los
 íconos

 

Los países, como grandes marcas que son, saben muy bien que siempre podrán explotar sus símbolos ya impuestos.

Francia tiene miles: la Torre Eiffel, el Chanel Nº 5, la baguette, el can can, el Moulin Rouge y hasta el Citroën 2CV.

Italia otro tanto: las máscaras del carnaval de Venecia, la pandereta, la pizza, la pasta, el cavallino rampante de Ferrari, la moto Vespa, hasta la bicicleta de la Toscana o el limoncello de Capri.

Mención aparte para el archifamoso Fiat 500 (Cinquecento). Una auténtica “lovemark” mundial.

Tuve la suerte de encontrarlo en sus 2 versiones y en el mismo color: el original de hace 50 años, y el que hoy invade las calles junto al Smart y el Mini.

¿Y vos?. ¿Tenés algún animalito-formita-“cosito” que la gente pueda indentificar espontáneamente con tu marca?.

 

5- La puesta en valor de la trayectoria

 

Allá todo es historia, claro. Cuando en Italia todavía te siguen hablando de los etruscos, no debería sorprender que algo funcione desde hace casi 300 años.

Sin embargo, la mayoría de las marcas destacan su trayectoria como novedad conservando el clima original. Es el caso de Caffé Florián de Piazza San Marco en Venecia, inaugurado en 1720, y el Caffé Greco de Via Condotti en Roma, con 250 años.

También del selecto vino Chianti toscano (del gallo negro) de 1716 y la birra Moretti de 1859.

Refuerzan el atractivo con su vínculo emocional. No se hacen los cancheros, porque no lo son y porque no serían creíbles. No se pintan se naranja ni imitan lo que nos les da (ni les conviene) de los nuevos. Saben y respetan el valor de ser un clásico.

Mmm, ya veremos lo que hacen acá Mingorance, Joyería Biondini o Librería Bianco…

Precisamente…

 

¿Cómo se traduce todo esto a Junín? 

 

Ya lo sabrás, piano piano…

De cada uno podremos extrapolar y comprobar que la “receta” del éxito es la misma para cualquier marca en cualquier país.

A no ser que alguien sea tan bruto de creer que acá, como consumidores, no tenemos sentimientos, deseos de novedad y capacidad de sorpresa.

Por último digo: para opinar con sustento hay que conocer, la teoría, la práctica y lo que pasa en este mundo del cual somos parte.

Porque desde la ignorancia y la chantada opina cualquiera…

Arrivederci y Mercí por la espera!

 

2 comentarios en “De nuevo estoy de vuelta!

  1. hola vero me encanto tu publicacion y tus fotos !!!!!!!!!!excelente la comparacion de los colores !!estoy planeando un viaje a paris !!!!!!!!!!me encanta venecia y roma tambien !!!!pero tanto no puedo !!!!!!!!!!!!hasta tu proxima nota !!!!!!!!!!!!!

    • verorezk

      Hola Lilian,

      Gracias!!!. Y qué buenos planes!. Si me permitís una sugerencia, en caso de tener que optar, dale prioridad a París.

      Venecia tiene la magia especial que sabemos, pero te alcanza 1 día. Y esperemos que se recupere porque estaba con un metro de agua hasta Piazza San Marco!.

      Roma es más chica que París (el circuito turístico lo hacés caminando). Como dicen, un “museo a cielo abierto” y con otra onda en todo. No tiene ni el glamour de sus calles, sus cafés y su gente, ni las luces del Coliseo te encienden suspiros como la Torre, ni el Tíber es románticamente navegable como el Sena, ni Piazza Navona tiene la bohemia irresistible de Montmartre, ni hay espectáculo comparable al Lido o al Moulin Rouge!. Y ni hablar si llegás hasta Versailles…

      En fin… Conozco gente (me incluyo) que de Roma le bastó una visita. En cambio a París todos soñamos con volver y seguir disfrutando de ese maravilloso placer para los 5 sentidos!.

      Espero te sirva. Después me contás!.

      Saludos!

      Verónica

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