Halloween: negocios buena onda y “patriotas” no tanto…

 

Al menos yo no me acuerdo otro año con tanto entusiasmo por Halloween.

Niños buscando por días su mejor disfraz. Reservas masivas en cotillones. Padres que suspendieron reuniones por ser anfitriones de “aquelarritos” en sus casas. Plazas como testigos de correrías y sesiones fotográficas.

Y lo que más me sorprendió. La reacción de los comercios que por casualidad me tocó ver. Ejemplo, cuando justo pasé por la Farmacia Verrilli en la esquina de Belgrano y Bto. de Miguel. Un grupito entró pidiendo más dulces para sus calabazas ya repletas a esa hora (eran más de las 7 de la tarde).

Entre que me pueden los festejos temáticos, y aplico la observación “in situ” de las conductas comerciales, ahí me quedé para capturar y poder contarte esto.

Las empleadas salieron a la vereda cámara en mano con un espontáneo “¿Quién nos saca?”. Los que paraban en el semáforo miraban. De golpe me imaginé un “flashmob” (esas marcas que irrumpen con algo copado y todos miran con ganas). Qué simple es a veces llamar la atención. Cuántos podrían haberlo hecho al revés, sorprendiendo con golosinas por la calle…

Volviendo a la cuestión. Me encantó.

No podemos ignorar que la atracción lúdica sigue con nosotros aunque ya estemos pasaditos para manguear Sugus por los barrios…

Es bueno permitirnos la diversión. Por eso no entiendo, o mejor dicho no comparto, esta campaña anti Halloween que viene de hace rato ahora acentuada por Facebook.

Seguro que también leíste de todo.

“En Argentina festejamos el Día de la Tradición“. “Hacé puré la calabaza, le decimos No a Halloween”. Y otras absurdas reivindicaciones. Hasta verdaderos disparates diría, como que los yanquis nos lavan el cerebro e inventan siempre algo para robarnos la identidad. Que esto nace en tiempos del turco o que son ideas de Macri y su entorno consumista…

A ver. En Navidad comemos pan dulce de Milán con más calorías que las que precisa un escalador de los Apeninos (y hasta mantecol de los árabes). Armamos un pinito, no un ombú bonsai. Y los padres sudan la gota gorda con el traje de un Papá Noel del Polo Norte en pleno verano con 30 grados (no sólo de alcohol…).

Con ese criterio tendríamos que hacerle también el boicot a los Reyes Magos, San Valentín o San Patricio.

A propósito, quisiera saber cuántos de esos “anti tradiciones foráneas” se niegan a una cerveza helada del Oktoberfest alemán en Villa General Belgrano?.

¿Y la sidra de dónde es?. ¿Y el champagne?. ¿Brindaríamos con una Hesperidina???.

“Si hay que cuidar a los niños de la amenaza yanqui, que no miren películas de Hollywood, ni que tomen Coca, ni usen Facebook”, fue uno de los tantos comentarios razonables que equilibraron el debate.

Pero claro!. Como si nuestro patriotismo se pusiera en juego por un juego!!!

No tiene nada que ver. Podés disfrazarte de lo que se te antoje y eso no te define como persona. Ni como más o menos criollo. Ni siquiera como representante de una ideología. Salvo que te encapuches y desfiles con el Ku Klux Klan… No es éste el caso ni mucho menos.

Halloween no es una declaración de principios. Un ejemplo: yo soy antiyanqui porque entre otras cosas, no me banco el doble discurso político (ataca el otro es atentado, atacamos nosotros es un justo “correctivo”…). Eso no impide que me fascine Disney o admire las grandes marcas como Coca Cola y Apple. Tampoco que me ponga un jean, un vestido de bruja para el 31 de octubre o un corte Marilyn para el 31 de diciembre.

Entonces… A tomar con más humor y disfrute la vida que como decía El Principito “Lo esencial es invisible a los ojos”.

Así nos va por creer que quienes llevan todos los estandartes celestes y blancos encima (bastón de mando incluido, jura a la Biblia mediante) son los que defienden o les interesa de verdad nuestra querida Argentina…

Chan!

 

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