185 años de Junín: bravo por las bravas…

Ayer Junín cumplió 185 años. Los festejos se concentraron en la Fuente del Milenio de San Martín y Sáenz Peña.

Cuando pasé arrancaba justo la Banda Municipal Oviedo del maestro Faré. Después estuvieron el grupo folklórico 33 de Mano y el “variopinto” Paco Maracaibo. No sé cómo salió. Supongo, generosamente, que bien…

La “Semana de Junín” siempre fue muy ecléctica. Vinieron desde Lito Vitale, Horacio Fontova y Guillespi, a Javier Calamaro, Fabiana Cantilo y Jorge Rojas. pero este año lo más esperado fue el sorteo del auto. Un premio siempre valioso, menos para las callecitas de Junín que tienen esos bachecitos que no sé qué…

Con los últimos fuegos artificiales salí para La Ranchería. Me habían recomendado ver al Ballet Folklórico Tierra Madre, dirigido desde hace 10 años por la profesora María Eugenia Alvear.

Y la verdad que agradezco el dato.

El espectáculo se llama “Bravas de mi Tierra” en homenaje a valientes mujeres argentinas.

Ganó el 1er premio de las Becas Estímulo a la Producción Artística 2012 de la Dirección de Cultura (que desde hace 6 años promueven un espacio para los talentos locales).

Por eso ya se había presentado en el mismo escenario el 1 y 2 de diciembre. Algo para destacar de esa vez: la entrada era donar llaves de bronce para fundir y construir el Monumento a la Mujer Originaria.

 

La función se encendió en una pantalla tamaño cumple de 15 (le podrían haber dado una más grande además de la beca!).

Proyectaron un muy logrado video que hizo Carolina Cháves, la cineasta que participó en los documentales históricos de Junín. Era el adelanto de lo que íbamos a ver…

Casi sin escenografía, sólo un telón rojo con lianas de hojas verdes. El sonido de Paulucci y la iluminación del archiconocido anfitrión rancheril “Popi” Balbuena. No hizo falta más. Las coreos y el vestuario pusieron todo.

El jurado del Bailando lo hubiera dicho de forma unánime: “recorrieron la pista y vendieron lo que tenían que vender”. Figuras, cambio de parejas, de lugares, y las máximas variantes que se le pueden pedir al folklore…

En eso tuvo vital importancia “él”, Matías Gallardo, director general de la puesta, con una experiencia que explica lo que vimos: fue campeón de malambo en Cosquín 2010. De barba, igual a Güemes. Gaucho de pura estampa, indio campero haciendo “tronar” las patas, como lo describiría una canción que encontré por la pampa Google…

A Matías y su pareja María Eugenia, los acompañan el ballet profesional y más de 20 chicos, adolescentes y adultos de la academia. (Anécdota imperdible cuando al más chiquito de los malambeadores se le caía la rastra y seguía igual a manotazo pelao… Ovación).

Además de técnica y calidad artística, mostraron lo que no puede fallar en ningún espectáculo que pretenda ser profesional: EL VESTUARIO. Siempre lo repito porque generalmente los músicos se suben a los escenarios como si fueran a tocar a un asado de la peña…

“Bravas” tuvo en cada situación la ropa acorde. Si era un paisano, estaba vestido de paisano, con chiripá y botas de potro. Si era aborigen, con sus harapos. Si era inglés, con chaqueta “pirata”, y si era Evita, con chaqueta de Paco Jamandreu…

Una voz en off  hacía la introducción de los personajes, destacando la lucha, las agallas, la pasión, y el camino que abrieron en la historia.

Como invitada, la bailarina María Luisa Fernández hizo la apertura “El grito”. Una mujer con fuerza y garra dejando el alma en la danza, prometía el programa de sala. A mí me pareció más un adagio de novela que una fiera brava defendiendo nuestras raíces…

Pero todo lo que le faltó a ese principio, lo superaron los chicos del malambo. Rudos y a la vez parejitos como pocas veces se logra. Y en una larga rutina que ya es mérito acordarse!.

Habilidosos y con mucha personalidad, como Natanael Ponce y Sebastián Moyano, por nombrar sólo a dos (lo justo sería pasar lista completa…).

Pero las protagonistas, al menos del relato, eran ellas!!!.

 

María Remedios del Valle

 

“La Parda” (porque era afroargentina) no pudo estar mejor elegida para arrancar la serie… Fue una de las Niñas de Ayohuma, estuvo en el Éxodo Jujeño y combatió como única mujer en el Ejército del Norte de Belgrano.

Fue nombrada Capitana, Sargento Mayor y “Madre de la Patria”.

Qué bueno sorprenderse conociendo un poco más de nuestro pasado. El caso de Remedios es uno de los que cuenta Felipe Pigna en su último libro “Mujeres tenían que ser”. Por qué?. Porque pese a su feroz prueba de amor por la celeste y blanca, la ignoraron por ser negra y pobre, que terminó vendiendo pastelitos en Plaza de Mayo.

Mientras ella tenía su cuerpo baleado y azotado por defender la independencia, algunas “nobles” hacían la “hazaña” de regalar fusiles grabados con su nombre.

No tiene biografía, ni monumento, ni retrato oficial. Tuvo que rescatarla el marketingChocolate Águila (y no por negra…) la puso en la edición especial “Mujeres de Mayo”, compartiendo “tablas” con otras olvidadas como Juana Azurduy.

Acá en La Ranchería fue la pequeña Sofía Medina la encargada de ponerle el cuerpo. Y tanta carga de vida le quedó grande. Pero se puede mejorar. No es nada que no tenga Remedios…

 

Manuela Pedraza

 

“La tucumanesa” fue la heroína de las invasiones inglesas. Luchó y vengó la muerte de su marido atravesándole la bayoneta a un soldado inglés.

Liniers la integró a los Patricios y actualmente hay un premio con su nombre a mujeres socialmente ejemplares.

En Bravas, también se hizo justicia. Hasta el inglés parecía inglés (será otro hijo de Mr. York?). Traje, como ya dije, fiel a la época.

Sólo un blooper, cuando al recibir el puñal de Manuela por la espalda, salió caminando antes de que se apagaran las luces!!!. Como si Pedraza sólo le hubiera embocado una piedra de payana en chaleco antibala…

 

Merceditas

 

No es la hija de San Martín. Es la que inspiró el chamamé que conocemos por Ramona Galarza, Los Chalchaleros y decenas de versionistas desde hace 50 años!. La canción que junto a “Zamba de mi esperanza” es la más popular de la música folklórica argentina.

Merceditas fue una campesina de Santa Fe con quien el autor del tema, Ramón Ríos, tuvo un amor no correspondido. Incluso volvieron a encontrarse de ancianos, pero ella lo rechazó de nuevo!. El pobre Ríos hizo más agua que Pedro Canoero… (Y parece que cuando se enteró Arjona le salió la remake “Dime que no”…).

En este show, el cuentito lo contaron lindo. Una parejita se cortejaba al ritmo litoraleño más dulzón, hasta que ella se fue y lo dejó más solo que mate cimarrón en parque de Disney.

 

Aimé Painé

 

Fue una cantante mapuche. Una sureña que recorrió el país y se instaló (con su ropa y su lengua) en la indiferente Bs. As. para reclamar justicia para su pueblo. Una raza atropellada, despreciada y hasta con sus nombres prohibidos.

Aimé difundió la cultura mapuche por el mundo, con una claro mensaje: “Respetar nuestra identidad es respetar nuestra verdadera historia”.

Excelente caracterización. El poncho, el cultrum (tambor típico), la joyería de plata, la trenza. Y la exacta musicalización de Pichi Malén, otra gran embajadora de la cultura mapuche que llegó a andar de gira por Europa.

En el escenario estaban sólo Aimé y una ronda de niños, a los que besó en la frente, les dio la mano y los amuchó para la escena final. Todo en una atmósfera típica mapuche, con luces casi “místicas” y sonidos de la naturaleza.

Quizás fue insulso en argumento, pero lo que más conectó emocionalmente con el sentido de respeto a los orígenes.

 

Anahí

 

De la Patagonia mapuche, el relato siguió por tierra guaraní con la leyenda del ceibo, nuestra flor nacional.

Dicen que a orillas del Paraná vivía una indiecita fea pero que cantaba lindo…

Los españoles invadieron y la llevaron cautiva. Un día Anahí le clavó un puñal a su guardián y se escapó por la selva. Obvio que la agarraron y la condenaron a la hoguera atada a un árbol. El fuego trajo el milagro y nacieron flores rojas como símbolo de valentía y fortaleza.

El acting me gustó. La tribu estaba en sus tareas (hilados, cestería, cerámica) cuando irrumpieron los conquistadores. Desafíos, corridas, forcejeos y Anahí entre las “llamas” de una bailarina con velos rojos.

Luego de la metafórica muerte, todos aparecieron a llorarla. Y como cierre, unas niñas bajaron por los pasillos a repartir flores de ceibo en la platea. 

 

Tamara Castro

 

El único caso actual. Quizás sorpresivo, pero muy acertado.

Tamara fue la cantante folklórica que falleció hace 6 años en un accidente rutero cuando estaba en plena gira.

Era la talentosa y carismática chica del sombrero con la que DBN (la discográfica de Jairo y el Chaqueño) quería competirle a La Sole y su poncho de Sony.

Qué voz, qué joven, qué penosa pérdida…

El ballet hizo (si mal no recuerdo) 3 piezas. Pero sin dudas te quedaba grabada “Zamba de amor en vuelo” de Milikota. La noche pide guitarra… y el folklore no la puede olvidar… Pa’l lagrimón.

 

Evita

 

Qué se puede agregar de esta Brava que más luchó por los derechos de la mujer…

Nacha, Madonna, Elena Roger… Era muy raro, casi imposible, poder ofrecer algo diferente. Quizás por eso quisieron llamar la atención en el speech de presentación. La verdad que de Eva Perón escuché de todo, pero jamás algo parecido a la comparación de que era bruta como “diamante en chiquero”. Poooobreeeee.

Apostaron a recrear su llegada a Buenos Aires desde Junín, con su maleta y pañuelo de campechana.

La coreo individual venía como la apertura… A Lucía Conde la vi medio flojucha para semejante papel, aunque “levantó” (literalmente) con el célebre personaje en andas y con los brazos al cielo como en glorioso balcón de la Rosada. Encima con “No llores por mí Argentina” en la versión original e insuperable de Nacha Guevara.

Final apoteósico para la foto! (las de David Camps que de hecho se podían ver en una vitrina del hall).

 

Macacha Güemes

 

La última semblanza fue para la hermana y compinche del caudillo salteño Martín Miguel.

Una de las mujeres más destacadas de Salta, que ayudó en la causa revolucionaria, desde la confección de ropa para los soldados, hasta negociaciones usando sus influencias de casta.

Según la reseña, parece que también le gustaban los bailes y disfrutar la vida. Tal es así que a la sociable y sensual Magdalena “Macacha” recreada por Natalia Scarpecci, le tocó una serenata en vivo Juan Carlos “El Tero” Ghioni.

 

La zamba final fue con la pareja central: Alvear y Gallardo. Estilizados, expresivos, intensos, impecables.

Poco se puede agregar para describir el gran trabajo que se notó, hubo detrás de esta propuesta. Parece que, por suerte, es una constante del Ballet Tierra Madre. Con el mismo ímpetu ya hicieron Martín Fierro y Pachamama y dicen que pronto se viene la versión brava masculina con “Héroes”.

Allí estaremos de nuevo para aplaudir. Y acá para transmitir.

Felicitaciones Tierra Madre por honrar con tan buen arte nuestras raíces.

Gracias Gobierno Local de Junín por apoyarlos.

 

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