Por favor, andate que no vendemos ni estampitas!

(Era casi obvio. Me puse en el lugar de la Curia Romana y me salió esto…).

Ya sé que en esta parroquia invocamos casos locales. Pero no lo podemos dejar pasar. Justamente porque pasa cada 600 años. O sea, 500 años más que cada muerte de obispo…

El mundo habla de la renuncia del Papa. Que cumplió su ciclo, que no se sentía con fuerzas, etc, etc. Aunque para mí hay algo más que nadie te cuenta. (Confieso que es mi sensación luego de mi visita al Vaticano). Y es que le corrieron la sillita de Pedro porque no vendía ni prometiendo estampitas de Mónica Belucci como Dios la trajo a la Santa Sede…

Encima que Europa está en crisis, y que el catolicismo pierde más fieles que despedida de soltero, lo que le falta al Vaticano es bancar a un Papa conservador e inmarketineable!!!.

A propósito, el sumo pontífice alemán terminó a lo nazi (perdón el exabrupto…) con su “anticonsumible” merchandising. La Plaza San Pedro está de liquidación casi pidiendo limosna. De hecho Clarín tituló “Gran barata de souvenirs de Benedicto XVI”. Y no miente. Nunca mejor dicho, puedo dar FE. (Te contaré abajo).

Ratzinger era algo así como un hereje en personal branding. Por eso el 80% de los bártulos seguían y siguen siendo del carismático Juan Pablo II.

Mirá si hay negocio detrás de las sotanas, que algunos esperan que el nuevo sea brasileño porque “los turistas de ese país no escatiman gastos a la hora de llevarse recuerdos”.

La Iglesia es una marca devaluada. No le importa si el cardenal tiene más de 70, está desplumado o no canta ni bajo el agua bendita. Sólo quiere, como cualquier empresa, recuperar el entusiasmo de la gente por seguir consumiendo su producto!!!.

 

Experiencia religiosa a la italiana…

 

Cuando vas a Roma, todos los caminos conducen al Vaticano. Aunque sea para pasar por un expresso en el Café Castroni

El Vaticano es comercio. O si suena duro, comulga sin pudores con lo material, la promoción y la venta. 

Empezando por la mismísima Basílica de San Pedro, que es de una ostentación alevosa. Mármol de los colores que te imagines: blanco, rosa, verde, gris, negro… Más oro, bronce, cedro y pana, que no proveyó precisamente la “divina providencia”.

Un insulto a los votos de pobreza (y al mensaje de Cáritas…). Creo que la primera causa por la que se hace tan insostenible su discurso. Cómo será que fue la primera y única vez en mi vida que le di la razón a Maradona

Obvio que para subir a la cúpula y ver la postal panorámica de la plaza y los jardines, tenés que pagar el ticket del ascensor. Es como en cualquier negocio turístico, incluyendo el bus y el guía para peregrinar por 65 euros…

Al lado del templo están los Museos Vaticanos. Óleos gigantes y regalos fastuosos que los emperadores y presidentes le mandaban a los papas. (Sólo de cortesía, no pienses mal…).

Obras de arte millonarias en intocables vitrinas. Salvo el jarroncito egipcio que me encontré en una de las tentadoras galerías. Y como pese a la estatua no soy ninguna santa, posé mis pulcras manos en el fruto prohibido… Eso sí, si se me caía todavía le estaba lustrando con la lengua las botas a Joseph… (uy, nunca me fijé que usan los papas en los pepés).

Adentro de los Museos está la maravillosa Capilla Sixtina de Miguel Ángel (que no podés fotografiar así después comprás la postal…).

Ni bien salís, a lo Disney, te topás con un store donde te venden de todo. Desde lo comunacho como relojes de caucho, calendarios, remeras, gorritas y tazas, hasta borlas para el arbolito, rompecabezas y bolsas de hacer las compras con la estampa de la Creación!!!. Por Dios!!!. Si esto no es un sacrilegio al buen gusto…

Llevarte algo del Vaticano a precio “sagrado” es tan natural como comprar una remera del Che en La Habana o un Mickey explorador en Animal Kingdom.

Para más datos, el kiosquito no se limita a Roma.

En Florencia, capital del Renacimiento italiano, hasta los bombones vienen en caja con la cúpula del colosal Duomo Santa Maria dei Fiore. Fijate que no es chocolate en un packaging especial. Directamente es una “Cupola con cioccolatini”. (Para qué vamos a andar con eufemismos si Dios igual todo lo ve…).

En Venecia, la gente hace cola en la Basílica de San Marco para subir al campanario y ver la mejor panorámica de la famosa plaza y los violines del Café Florián. Y por supuesto, el lugar exacto de donde se tira el Angelo para dar comienzo a la fiesta pagana del carnaval.

En Pisa, la Catedral de Santa Maria Asunta está pegada a la torre inclinada, que te la venden hasta en formato Pisa-papeles. Además, como el autor era de la zona, tenés una invasión de Pinochos que salen como focaccia caliente, mientras la pobre Maria Asunta se tiene que dedicar a otros asuntos…

 (Qué curiosa asociación… Será que la Iglesia miente???).

 

Cobremos, digo, oremos…

 

El marketing religioso existe desde nuestro creador, que no es Philip Kotler… Bueno, al menos es quien llevó las técnicas empresarias a los más variados ámbitos. Porque dice que “todo se vende”: productos, servicios, universidades, actores, deportistas, partidos políticos y… religiones!!!.

Como ya te conté en ocasión de la visita del Ravi Shankar, Kotler tiene un libro, “Marketing for Congregations”, para orientar a curas, pastores y rabinos en el arte de captar feligreses.

Además, hay decenas de autores que dan consejos sobre estrategias de gerenciamiento financiero, liderazgo, cómo construir un nuevo santuario o cómo lidiar con las tensiones intergeneracionales.

Coincido porque lo viví. Todo lo sacro se vende o se relaciona en algún punto con la vida comercial. Acá van algunos ejemplos que se revelaron ante mis propios ojos.

En París, Notre Dame es la catedral más famosa por ser el escenario del Jorobado que inventó Víctor Hugo (y fue hasta éxito en Broadway). Cuasimodo le gana hasta con la cara a Napoleón.

La nave está llena de velas y fanales que si querés ofrendarlos a María te salen 10 euros c/u. Y como ya te conté en otra nota, el año pasado tenían una urna con “propinas” y expendedoras que por 1 euro te tiraban una moneda conmemorativa del 850 aniversario.

En la cumbre de Montmartre, la Basílica del Sacré Cœur convive con los pintores de la bohemia parisina. Capaz no te acuerdes de los santos que hay en el altar, pero de los retratos callejeros, seguro. Sobre todo si el caricaturista te profana tu belleza como a mí… jajaaa

En España, conozco desde la pequeña Capilla de Marbella hasta la Catedral de Granada y la Almudena del Palacio Real de Madrid, donde las caras de Juan Carlos y Sofía no faltan ni en el destapador del vino Mistela (y flor de rollo se destapó con el yerno…).

En Helsinki, la Catedral Luterana más grande de Europa, inspirada en la de San Petersburgo, te ofrece los amuletos que quieras de Martín Lutero, mezclados a pocos metros con los simpáticos Moomin (la mascota nacional).

En Manhattan, NY, está St. Patrick, más famosa desde que se casó Thalía con el presidente de Sony Tommy Mottola. Y San Juan el Divino de Harlem, donde el turista paga por ver el show gospel antes que por saber si es la iglesia anglicana más grande del mundo.

En Boston, Massachusetts, además de la célebre Trinity Church, está la primera Iglesia Científica fundada por la autora de un libro comercial. Es la sede de la Cienciología by Tom Cruise. Todo dicho.

La imponente (y “comunista”) Catedral de La Habana te cobra hasta para subir al campanario por una escalerita inenarrable, mientras en su atrio hay decenas de personajes típicos que te posan por 1 CUC (euro) con maracas y frutas varias sobre la cabeza…

En la provincia más religiosa de nuestro norte, está la Catedral de Salta, donde ni la señora y el señor del Milagro se creen que su casa es laica del marketing.

Te venden el rosario de la Virgen del Cerro o el librito de su cuestionada revelación a María Livia. (A mí me empujó, por eso me caí…). La señora de Obeid es un negocio turístico en sí mismo. Hasta salen charters con famosos sólo para que les ponga la mano en el hombro como a la Chiqui Legrand. (No me la imagino de rosa Dior desparramada en el piso sin que mande a alguien a la m— carajo…).

Muy cerca, en el convento de San Bernardo, las monjitas de clausura abren las puertas sólo para vender alfajores, dulce de cayote, alfeñiques y si te descuidás, hasta licores “espirituosos” y ceniceros de madera de cardón color habano…

Y no son las únicas. En San Luis, los monjes ermitaños consagrados a la penitencia y la austeridad, le ponen precio a sus rosarios y dulces caseros sin decir ni mu.

En fin, un popurrí universal que va sin ser pecado, del tan-tan de las campanas al clin-caja…

No hace falta hacer un cónclave para tener el veredicto.

Ateos o politeístas. Aplaudidores K o protestantes. En este mundo todos necesitan venderte algo. Publicidad si es un producto. Propaganda si es una idea. Marketing al fin.

Conclusión: cuando veas la fumata blanca y el Vaticano diga “Habemus Papas Lay’s”, me vas a creer por qué a Benedicto XVI lo hicieron humo en apenas 8 años…

 

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