Junto a La Pequeña, una enorme mujer…

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Cada 8 de marzo, somos el centro del mundo. Esta vez, por el grito contra la violencia machista. Muchas otras, por homenajes a quienes fueron golpeadas por la vida y como en un certero movimiento de tai chi, usaron esa misma fuerza para ganar la batalla.

Un símbolo es Margarita Barrientos, que llegó a Buenos Aires sola a los 11 años, alimentó hijos propios y ajenos y puso un comedor que pasó de un acto de amor barrial al caso de solidaridad más famoso del país.

En Junín también tenemos historias dignas de película. Hoy te voy a contar una bien cercana, que me impulsa a compartirla con vos por su valor emotivo y poder inspirador.

Se trata de mi prima Alicia, una luchadora que no sólo superó momentos durísimos sino que los recicló en coraje para lograr más de lo que ella misma podía imaginar.

En el día del paro mundial, veamos de qué es capaz una mujer cuando su fuerza interior jamás se detiene.

 

 

 

Orgullo de familia…

 

Alicia es la hija mayor del hermano mayor de mi papá. Se crió en un campo de Morse cerca de la fábrica que producía los famosos quesos de Torretta.

De chica le gustaba ayudarle a nuestra abuela Sofía que tenía un almacén en el pueblo (el mismo que continuó mi papá hasta el 93). Detrás de aquel viejo mostrador, iba tejiendo su destino. A propósito, desde adolescente se dedicó a tejer a máquina. Me acuerdo de los coloridos pulóveres para toda la familia y también para sus primeros clientes, ya que los vendía en una tienda local.

Desde aquellos tiempos, se reconoce “comerciante de alma”.

Se casó muy joven, tuvo 2 hijos varones y vivió largo tiempo de campo en campo ya que su marido era peón rural.

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En la actualidad con Martín y Adrián

 

A fines de los 80, Alicia compró un lote en Alberdi casi Ruta 188. Alguien le dio una bendición y ella sintió que ahí algo especial le tenía reservado el destino.

Era una zona cuasi boscosa de la periferia juninense, hasta que al Dr. Tomino se le ocurrió poner la piedra fundamental de su faraónico proyecto justo al lado. La futura clínica La Pequeña Familia cambiaría para siempre el paisaje y la vida de esta mujer todo terreno.

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Con tremeeendo sacrificio, Alicia empezó a levantar su propia casa. A la par de su marido, y con los nenes chiquitos jugando en una carretilla, desmontaba a motosierra para canjear la leña por ladrillos en un horno vecino. También cavó cimientos y ayudó en los trabajos de herrería que en ese momento era el sostén del hogar junto a sus tejidos. Una “leona”, como decía mi viejo que tanto la apreciaba.

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A mediados del 91, Alicia tuvo la primicia: se instalaba el obrador de la clínica. Ante el impulso que eso le daría al barrio y el fuego sagrado de su vocación, lo primero que pensó fue: “Puedo poner un kiosquito!”.

El momento había llegado…

 

Empezar de abajo y un poco más…

 

Su marido mudó la herrería a un tinglado para desocupar el pequeño garaje que hasta ese entonces funcionaba de taller. Ahí, Alicia armó una despensa para vender lo básico y hacer la comida para los albañiles de la clínica.

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Alicia con sus hijos en la primera despensa de un pequeño garaje

 

También cocinó durante semanas (sola) para los 15 pulidores de pisos que llegaron sobre la etapa final de la obra. Ella, así como juntaba peso por peso, iba a los corralones por material para su próximo paso: construir un local más grande y a la calle.

Alicia es muy creyente y quizás encuentre explicación a por qué en medio de esa luz que se encendía, la vida la ponía ante uno de los momentos más oscuros.

Me acuerdo como si fuera hoy. El domingo 3 de octubre del 93 había elecciones legislativas. Yo aún vivía en Morse. Nos avisaron por teléfono y me empezó a temblar todo. Alicia y su familia habían chocado saliendo de Mariápolis (O’Higgins). El conductor del auto que iba por la Ruta 7 había muerto y ellos estaban muy heridos en el hospital de Chacabuco.

Hasta que no llegaron mis tíos (sus padres) al lugar, estuvimos con la angustia de pensar lo peor. Es más, los restos achatarrados del auto daban una imagen funesta. Pero por milagro, pudieron salvarse.

Los chicos salieron ilesos, el marido estuvo meses internado y ella, muy traumatizada, fue derivada a Junín. Pero contra toda indicación, no se quedó en la clínica sino que volvió a su casa. Mientras me contaba esto vino el primer agradecimiento en su relato: al Dr. “Pichico” Petraglia. Sí, uno de los fundadores/directores de la Pequeña Familia iba personalmente a curarla a domicilio. Ella, con su “pata dura” y maltrecha, no dejaba de proyectar lo que vendría.

Eso es ser resiliente, tener la capacidad de sobreponerse a situaciones traumáticas y seguir adelante aún con más empeño.

A 10 meses de la tragedia, el 5 de agosto del 94, finalmente inauguró la Pequeña Familia, la que ya era parte de la suya. Al mes, Alicia hacía lo propio con su nueva despensa sobre la entonces barrosa Alberdi (hoy la Pequeña asfaltó hasta pasando el hotel) que va hacia el Club Banco Nación.

 

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Al mes de inaugurada La Pequeña, Alicia ya había mudado su despensa del pequeño garaje del fondo a un nuevo local sobre la calle

 

 

El segundo paso…

 

Al ritmo de la clínica, las vitrinas se llenaron de fiambres, gaseosas y lácteos. Las tartas y empanadas caseras se sumaron a los generosos “sánguches” de milanesa. La gente empezó a “hacer el caminito” y las mesitas afuera no se hicieron esperar. (Cuando yo empecé a trabajar en el Depto. de Publicidad de La Pequeña, aún cursando mi último año de carrera, me quedaba a comer y repasar apuntes ahí).

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A pedido del público, el nuevo local también tenía un comedor interno. Los familiares de los pacientes agradecían ese remanso para el desayuno o almuerzo.

Todo marchaba bien en ese lugar tan estratégico. Era sólo cruzar el patio. Ni siquiera un alambrado separaba el emprendimiento de la “estrella perfecta” (así le decían los arquitectos a la inédita estructura sanitaria).

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El primer equipo de médicos, el personal administrativo, las mucamas y enfermeras tenían a Ali como su asistente preferida, ya que les preparaba las viandas desde antes del minuto uno. Es más, un viernes al mes, les hacía el asado a la parrilla en la galería hogareña, la misma que cobijaba los eventos familiares más íntimos. (Ahí celebramos por ejemplo los 70 de su padre, que es mi padrino).

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Los médicos (con un joven Petraglia a la izquierda) y personal de La Pequeña en uno de sus tantos encuentros disfrutando la comida casera de Alicia

 

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El personal administrativo de La Pequeña también compartiendo el ritual de los asados “en lo de Ali”

 

La vida, sí, la misma que casi le cuesta en la ruta de la muerte, le demostraba que el seguir adelante tiene su premio. Literal. Año 97. Al negocio ya lo visitaban proveedores de las marcas de comestibles más conocidas y por un sorteo de Arcor, Alicia se ganó un viaje a Punta Cana!!!. Obvio que lo aprovechó y volvió aún con más energía para seguir creciendo y superando dificultades.

 

 

Trabajo y corazón bajo el mismo techo…

 

Alicia no sólo es un ser resiliente. Además, suma el don de la empatía. En eso se explica su tercer gran paso.

En el trato diario con los familiares de pacientes de la clínica (60% de la zona), ella escuchaba como pregunta recurrente: “¿Dónde hay un lugar para dormir?”. Y como decía mi viejo “hay que tener lo que el cliente pide”.

Alicia no sabía de estudios de mercado ni planes de negocios. Es más, no había podido empezar la secundaria. En cambio, tenía (tiene) una vocación de servicio a toda prueba.

Ella vio una oportunidad clara. Además de comer a precios accesibles, la gente que debía quedarse al cuidado de internados, necesitaba también un lugar para ducharse, pasar las noches y hacer más cómoda la espera cuando la obra social no cubría cuarto individual con sofá.

La ventaja de estar pegado a La Pequeña era inigualable ya que el hospedaje más cerca (aún) queda a 15 cuadras. En una época se comentó que la misma clínica iba a edificar un hotel sobre la 188 frente a la rotonda. Pero eso no sucedió y la gente seguía precisando de una opción para su estadía que no fuera cruzarse media ciudad.

Entonces, Alicia tuvo rápida respuesta. Acondicionó el garaje del fondo donde había iniciado su despensita, compró un par de camas con ropa blanca y ofreció primero 1 y luego 2 modestas piecitas.

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Pero todo quedaba chico para el enorme desarrollo que tenía la clínica año tras año. Y precisamente otra persona de esa empresa se lleva la gratitud de Alicia al hacer memoria sobre sus comienzos: la Jefa de Hotelería Cristina Chayé quien la invitaba a capacitarse junto a las mucamas que ella coordinaba.

Mitad de los años 2000. Alicia supo que era el momento de transformar el galpón con hierros y soldadoras en una hostería con mayor disponibilidad.

 

ANTES

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2005. El ex galpón de herrería con las 3 primeras habitaciones


DESPUÉS

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2017. El ex tinglado totalmente reconvertido con habitaciones en 2 pisos

Toda la familia ayudó. El hijo mayor, en mantenimiento y hoy en la proveeduría. El menor, en los papeles y diseño de marca. De hecho, como todo buen emprendimiento, el hotel de Alicia tiene su nombre y logo. Se llama Nehuen, que en mapuche significa “fuerte”. ¿Por qué mapuche?. Alicia quiso que las raíces estén presentes. Incluso, por el mismo camino y a 2 km del hotel, está Campo La Cruz, una conocida y postergada comunidad aborigen.

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De a poco, las 3 nuevas habitaciones se equiparon con sommiers, calefacción, aire, televisores led, wi-fi, servicio de mucamas y lavandería, personal y cámaras de seguridad. Ahí tenían no sólo acceso directo a la clínica por el parque sino el mismo verde de los frondosos árboles para sumar al reparador descanso.

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Tal fue el cambio, que Alicia mudó su hogar al vecino barrio Villa del Carmen y dejó la casa original totalmente integrada al emprendimiento hotelero. O sea, donde tantas veces soñó y tomó decisiones de su proyecto, ahora está la recepción y el desayunador de los huéspedes.

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Pero había un detalle, los días de lluvia dificultaban el traslado del ex tinglado hasta la “central”. Entonces, Alicia fue por más: llamó a un arquitecto y conectó la casa con un pasillo techado. Y así, con la gente esquivando albañiles y esperando con el bolsito a que terminen de poner los colchones, llegó a ofrecer singles, dobles y triples distribuidas en una planta sobre el ala izquierda y 2 plantas sobre el ala derecha.

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Comodidad, cordialidad y sencillez, es el slogan de Nehuen

 

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De empezar alquilando un bañito exterior para que los familiares de los pacientes se ducharan, a construir cada habitación con el suyo, incluyendo bachas de mármol y cortinas al tono.

 

Pasó de 1 a 14 habitaciones y de hostería avanzó a la categoría de hotel. En esta parte, Alicia me contó un hecho bisagra. En medio del proceso, se encontró con una traba extra: no se lo habilitaban porque no daba la “factibilidad”. En la muni le decían que era como querer poner un taller mecánico en pleno Sáenz Peña. Bueno, eso es lo que pasa cuando las cosas se deciden desde un escritorio, porque si había un lugar donde era imperioso un servicio como el de Nehuen, era pegado a la gigante Pequeña!. Mejor dicho, “adentro”…

 

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Ella, incansable también en la tarea de resolver trámites, fue a la oficina de Turismo a ver al entonces (como ahora) Director Luis Bortolato. Él se comprometió a visitar el lugar. Y acá aparece el segundo agradecimiento de Alicia. Bortolato no sólo le dijo que siguiera adelante porque lo suyo estaba muy bien encarado, sino que la hizo socia de la Cámara Hotelera que funciona en Comercio e Industria.

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En este lugar, Alicia no sólo se sigue formando sino que integra la Comisión Directiva e intercambia ideas para la mejora continua del sector. A propósito, también se contactó con la Secretaría de Producción para solicitar asesoramiento de un programa del Ministerio Nacional. Hoy, una experta en Pymes releva el lugar y sugiere herramientas para optimizar resultados.

Un dato importante: en 2005 Alicia concesionó su almacén para dedicarse full time a gestionar personalmente el hotel. (Sí, antes hacía todo ella!). Se enfocó en eso también para crecer como persona. Quiere seguir progresando y le apasiona lo que eligió. Dice que cuando sirve el desayuno, que hace en lo que fue su propia cocina, es como atender una visita.


 

Y de nuevo el golpe de la vida. En 2010 una imprevista complicación quirúrgica la tuvo varios días en terapia en situación límite. Cuando quizás otra persona lo vería como una injusticia o con entendible enojo en medio de tanta entrega, ella conserva una fe inquebrantable. Es más, cree que todo pasa por algo. Tal es su humildad que lo primero que pensó es que si no salía de esa “segunda prueba”, Nehuen iba a continuar igual porque tenía vida propia. Ella lo considera como un hijo al cual ya lo hizo desplegar sus alas.

Y sí, Nehuen es una empresa. Tiene página web, figura en Google y en las guías de turismo de Argentina. Alicia se encarga en persona de distribuir folletos por puntos clave, pero confiesa que la mejor publicidad es el boca en boca y la mayor satisfacción, cuando el huésped le dice: “Gracias, me sentí como en casa”.

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El testimonio de un hijo…

 

Vive en Rosario y es un profesional del diseño gráfico que yo valoro especialmente. Le pedí que me cuente cómo recuerda la historia, cómo ve a su mamá y a Nehuen desde adentro.

Éstas son las palabras de Adrián, el hijo menor de Alicia.

Es muy difícil hablar de ella sin relacionarlo directamente con lo que ha logrado e inspirado.

Más allá de ser un referente importantísimo en la forma de encarar la vida, destaco y admiro cada uno de los valores que transmite.

La fe, la seguridad de que el trabajo y el sacrificio dan frutos.

Acá vale mencionar que la frase de cabecera de Alicia es la del trovador Facundo (como uno de sus nietos) Cabral. 

frase Facundo Cabral exito

 

La claridad para ver oportunidades que no todos pueden ver.

La solidaridad para dar siempre un poco más a quien lo necesite.

La templanza para entender que las crisis, las devaluaciones, las enfermedades pasan y sirven para poder ver dónde está uno parado y de qué madera estás hecho.

El instinto de servicio. Si la gente lo necesita, cubrir esa necesidad es el próximo objetivo.

La humildad, de saber que siempre queda mucho camino por recorrer, que aún no se ha llegado a ningún lado, que la meta está en la mejora constante, en el gesto de un cliente satisfecho, en la cara de sorpresa de quien felicita cuando ve prosperar el proyecto.

Otra frase que Alicia aprendió en un curso y repite como sabiduría de vida: “¿Sabés por qué el mar es más grande que el río?. Porque está más bajo”. Una lección que ella ilustra perfectamente con cada uno de sus actos.

 

Escuchar a la gente y la cercanía con el cliente, estar cuando hay que estar, o preguntar “¿cómo descansó?”. Dicho por la propia Alicia, Nehuen es la posibilidad de hacer el bien, ayudar, prestar el oído, atender y comprender cada caso.

Me acuerdo cuando con menos de diez años, tomaba como un juego que mi mamá tenga un kiosco. Entraba transpirado con una pelota abajo del brazo como si fuera la cocina de mi casa. Acomodaba galletitas y gaseosas, fui tester de nuevas golosinas, vendedor sin chispa, delivery a pié, repositor caprichoso, telefonista y mozo olvidadizo, puestos que abandonaba sorpresivamente por ir a mirar la tele. 

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En las habitaciones del hotel, Alicia puso cuadros con las fotos que sacó su hijo Adrián en un viaje a Salta

 

Para ella su lugar de trabajo siempre fue más que un comercio o servicio. Era como una parte de su casa, la extensión de su familia. Por eso siempre hubo gente dispuesta a dar una mano. En todos estos años varios vecinos atendieron, cuidaron, cocinaron y limpiaron. Todos son un poco partícipes de lo logrado.

Siempre con el apoyo nuestro, el personal más calificado a la hora de “salvar las papas”. Opinando todos, a veces con ideas encontradas, pero con mucha confianza, poniendo el hombro, las manos y la cabeza, combinando proyectos personales con los familiares. Hoy, cada uno en lo suyo pero comprometidos con el objetivo común. (Por ejemplo, yo a 200 km sé cómo está a diario la ocupación del hotel). 

Siempre tratamos de tirar para adelante aunque algunas cosas parezcan una locura y nunca con la espina de pensar “¿habrá faltado más esfuerzo?”. De ahí el nombre del hotel Nehuen que significa “Fuerza de voluntad” o “Valentía”. Toda esa fuerza apoyada en colores verdes que dan serenidad y armonía, naturaleza y vida sana.

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Desde las ventanas del hotel se ve la “naturaleza compartida” con La Pequeña

 

Hay pruebas suficientes de que nada es imposible. Lo que logró y sigue logrando mamá no es suerte, ni siquiera Dios, como ella quisiera. Hay un motor que va mas allá y es disfrutar de lo que uno hace todos los días y estar agradecido de cumplir metas día a día. Eso se respira y se contagia al hablar con ella.

 

CONCLUSIÓN

Hoy es un día de protesta por el ya tristemente famoso “Ni una menos”. Pero ojalá existan muchas más mujeres como Alicia. Sencilla, pero con una riqueza humana admirable. Capaz de conseguir lo que en las mismas condiciones (y además de parir), estoy convencida que sería imposible para un hombre.

Sí señores, Alicia vive en un país donde con honestidad, coraje y paciencia, también se pueden hacer cosas maravillosas!!!.

 

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Hace 10 años, festejando con Ali un cumple “redondo”


 

 

Alicia le agradece a su equipo: Patricia (su mano derecha), Natalia, Noelia, Laura, Jessica, César, Alberto y Enzo. A sus viejos, Fadel y Nilda, que le enseñaron a avanzar siempre por el camino de la rectitud. A sus nietos Mariano, Facundo y Lázaro. A sus hermanas, a toda su familia y amigos. A sus proveedores y huéspedes. A la gente de ayer y de hoy de La Pequeña. Y a vos, que leíste su historia y, ojalá, puedas identificarte para jamás darte por vencida.

 

6 comentarios en “Junto a La Pequeña, una enorme mujer…

  1. Hermosa história. Que anima Que entusiasma a luchar y a buscar cosas nuevas que proyectar y cumplir. Dios las bendiga.

    • Vero

      Gracias Mariela, qué bueno que resulte inspiradora. Esa es la idea de la nota, además de homenajear a esta gran mujer.
      Saludos
      Vero

  2. maria ethel

    Querida Verónica, yo que he tenido el gusto de conocer a Alicia y sus hermanasy tratarlas, he leído tu relato con una emoción especial principalmente en este 8 de Marzo. Sé de su esfuerzo y trabajo y de Adrián que luego de transitar el Hogar Belgerano, tuve la suerte de reencontrarlo en el Colegio Comercial al que llegaba cada día en bicicleta y tan querido por sus compañeros ( de tal palo….).
    Gracias por volcar en palabras historias simples de grandes vidas. Un beso grande

    • Vero

      Hola Peco,

      Muchas Gracias por tu comentario!
      Me alegra muchísimo que esta nota haya servido para traer recuerdos y sobre todo, los valores que hoy hacen tanta falta en la sociedad…

      Ya le aviso a Alicia para que lea el mensaje.

      Besos!

      Vero

  3. Alejandra Costamagna

    Que hermosa nota!!! con Alicia somos primas lejanas, nuestra abuelas maternas eran hermanas y si bien ,hace mucho tiempo que no nos vemos yo la recuerdo con muchísimo cariño y siempre la tengo presente.
    Corría el año 2003 ,teníamos a mi papá internado muy delicado en La Pequeña y con mi mamá nos quedamos en las piezas que tenia Ali, mas allá de nuestro parentesco nos hizo sentir como en casa, siempre atenta,dulce,cariñosa al lado nuestro continuamente. Me alegro mucho por esta nota homenaje. Un beso grande y muchos éxitos.

    • Vero

      Hola Ale,

      Muchas Gracias!! Por apreciar la nota y aportar un nuevo testimonio sobre la calidad humana de nuestra prima!.

      Besos!

      Vero

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