Restós en Junín: dónde despedir bien o mal el año…

 

 

Días intensos de reuniones y despedidas. ¿Dónde?. Esa es la cuestión.

 

 

“No hay lugar, se come rico, se come maso, no toman reservas, es caro, tiene onda, nos queda lejos, es un desastre” y todas las opciones que seguro en algún momento recibiste en tu grupo de WhatsApp.

Acá te voy a contar 3 experiencias personales que, estoy segurísima, vos también viviste o escuchaste.

No se trata de una crítica gourmet sino del combo “experiencia de consumo” que incluye no sólo la comida sino, fundamentalmente, la calidad HUMANA en la atención.

Conozco varios casos más, pero tomé estos como muestra porque son de los más nuevos y de distintos barrios. Y aunque no me gusta spoilear, empiezo por el único que pasó el “verómetro”.

 

EL GRAN DAUPHINE de Pueblo Nuevo

 

En Italia y España, donde por 7 años estuvo la pizzería Che Pascual, desde hace 6 meses está este pub con impronta de taller mecánico. El lugar ayuda. Esquina vieja, calle empedrada, ambientación con lamparones y mobiliario típico, murales artísticos y una barra con leds que me hizo acordar al ice bar de Absolut. Particularmente me encantan los antros con la estética vintage tipo rustic & rugged con mucha madera y ladrillo visto. Dejan de gustarme cuando terminan siendo más de lo mismo… (Salió el pallet, entró la chapa acanalada…).

De arranque, debo decir que me parece un poco confuso el nombre. Dauphine es un modelo de Renault de los ’60. El bar-restó tiene como ícono ese auto, aunque la marca se inició con un food truck (camión de comidas) y en el local (si no estoy loca) vi algunos guiños ferroviarios. No termino de entender el match, pero como dicen los pibes, tiene la re onda.

 

El slogan de El Gran Dauphine es “good moments”. Y hasta ahora, doy fe. Te atienden, como corresponde, de modo amable, algo imprescindible para el disfrute. Al menos cuando fui, había un par de simpáticas camareras vestidas muy cancheras con mameluco y pañuelo al cuello. La que nos tocó dijo que no tomaba cerveza, pero aún así sabía las diferencias para asesorar e incluso sugerir.

Las hamburguesas especiales no sólo salieron «in time» sino que estaban riquísimas. Y las famosas papas con cheddar, de rechupete… (No sé cómo se diría en la época del Dauphine y/o Gordini).

Resumo la experiencia como dice textual uno de los comentarios en su fan page de Facebook: comida y cervezas muy ricas, ambiente cálido, excelente atención y precios accesibles.

Conclusión: muy recomendable!!

 

LA ESTACIÓN del barrio 9 de julio

 

En Saavedra y Alemania, y desde hace 8 meses, existe otro bar rústico que recupera el concepto original de estación de servicio. Ahí estuvo YPF Santa Rita y hace muuucho, Cibergamo, la primera internet de Junín.

«La Estación» recrea una vieja gasolinera con el clásico alero de chapa trapezoidal, surtidores gigantes como deco y una sesentosa Dodge 100 en la esquina como plus decorativo. Pero así fuera Studebaker de oro no salva el pésimo servicio que ofrece.

 

Paréntesis. El nombre tampoco lo favorece. Es cierto que en esa esquina hubo expendedoras de combustibles, pero en Junín, la estación te lleva por asociación espontánea a los trenes. De hecho, sé de amigos que al decirle “vamos a La Estación” encararon hacia “El Taller” de calle Newbery. Dicho sea de paso, otro que no está a la altura en estos días de alta demanda. Publicita a página entera hasta ensaladas hawaianas y no te traen media papa en tiempo y forma ni recitando el hoponopono…

Retomando la cuestión semántica, la palabra “estación” en pleno auge del circuito ocio-gastronómico de las vías, se despega del significado popular que estaba en el tanque de reserva (memoria por aquella YPF) y dificulta el link con la nueva propuesta del barrio obelisquero. En criollo: para mí faltó testearlo.

 

Primer punto: la incoherencia entre lo que comunica en redes y lo que verdaderamente es.

Si es por la promesa de marca/slogan, cualquier turista desprevenido creería que se va a encontrar, como mínimo, con un amigo pagando una vuelta de Corona para tod@s. Sin embargo, en el “Playón de Encuentros” te surten de antipatía y desinterés.

Paso a detallar. En la primera reunión que tuve, esperamos hora y media una hamburguesa de pollo que encima cuando llegó… era de carne. Le di otra oportunidad. Peor. En esa segunda hacía un calor impresionante y todas las mesas de afuera estaban ocupadas. Desde ahí se veía que en la cocina había un solo flaco a 10 manos cual diosa Kali y 2 camareras con cara de estar sirviendo en la última cena de Cristo. Desborde total.

Imaginate el resultado! (bah, estoy segura que te pasó). Pedís una honey, te traen una scotish. Pedís una golden, agradecé que no te traigan una perra. Posta, el comercial retro de Hellmann’s!. O es confusión o es la mayonesa que les pegotea las neuronas.

La frase más usada: “Eso no tengo”. Una carta rellena (literal) de variedades que quedan piolas para el diseño pero no hay quien las haga…

¿Qué sale más rápido?, pregunté ante la evidencia del atasco. “Las papas y los nuggets”, me contestaron. No podés!. Eso es la entrada no el plato!. Si semejante circo es sólo para picar ¿para qué hacen una carta bajo el título “comidas”?. Ahh, debe ser porque queda cool tener la tablita con dibujitos y nombres reee creativos…

Pregunto: si sólo apuntan a un target futbolero o harley ¿para qué abren el juego a familias, parejas o amigas que sí se fijan en la comida y no van a ponerse en pedo?. ¿Y por qué no ponen una fábrica de mermeladas?. Así contestan con gusto: hay «de mora»…

 

Cuestión que tuvimos que pedir unas cazuelas de pollo que venían con un «pan zapateador» de lo duro que estaba (anexaré video). Y la que «osó» pedir una hamburguesa se quedó sin comer!!!. En 2 horas no pudieron resolver 1 hamburguesa!!!.

¿Y qué pasa si reclamás?. Se asoma un “encargado” que sólo se limita a decir “te entiendo, tenés razón”. ¿Y con eso qué hacemos flaco?. Obvio que, encima, lo dice desde atrás de una barra. Acercarse hasta la mesa a ver qué pasó o pedir disculpas no existe. Son “emprendedores” que no tienen el menor registro del otro o no les importa. Apatía y destrato nivel joda. Incluso por cada botella (gaseosa) que repetís traen otro vaso y te dejan la mesa como la Difunta Correa. En otro tiempo te juro que preguntabas dónde está la cámara de Tinelli. “Recargas” dice bien grande el cartel que te apunta mientras vos sentís que se te están “recargando” de risa…

Un error puede tener cualquiera. Ahora, cuando tardás 1 hora para traer unas papas y encima te olvidás hasta los tenedores… ¿cómo se supone que califica?.

¿Acaso creerán que eso es aceptable?. Opino que sí, que naturalizan el fallo por repetición. Como pasa todas las noches, es normal… Por eso la camarera se limita a atajarse: “No es mi culpa”. ¿Y de quién es?. ¿De nosotros que vinimos a comer y hace 2 horas que no nos embocás una?.

Así y todo, La Estación tiene un WhatsApp para hacer pedidos!. Too much. No pueden ni con media mesa in situ y pretenden cumplir a domicilio… 

Y éste sí que es el happy hour del colmo. Ahora mismo están promocionando el famoso “despedí el año en La Estación”. Entre las propuestas, ofrecen bondiola braseada con puré de batata al caramelo y salsa demiglace con mousse de caipirinha de postre!. Imaginate. Si para unas papitas de morondanga tenés que esperar 1 hora, ese menú con suerte lo llegás a comer para la despedida del 2025!!. Apenas pueden con el maní picotero y se quieren hacer los sofisticados… “Hacer cáscara” (como decía mi viejo al caretaje) en las redes termina irritando más de lo que ya se encarga la experiencia en vivo.

Si entrás a su fan page de Facebok vas a leer un testimonio que resume, me animo a decir, el 90% de la frustración del consumidor: “Una hora y media esperando, a tres personas le dijimos que pediríamos menú sin TACC y luego de 40 minutos nos dijeron que no había más. Impresentable y muy mala atención”.

Lo peor fue la respuesta que figura en ese muro público (seguro de algún dueño o amiguillo). “Hay que esperar en todos lados!. Si querés relajarte y despejarte, no estaría tan pendiente de la espera. Paciencia, sino quedate en tu casa!!” (SIC). Nos están diciendo: “Si no te gusta con estos defectos no vengas”. Literal.

Si no te gusta, jodete!. El «nuevo marketing» en la era del «post cliente»…

 

Qué paradoja. En una estación de servicio podés inflar las gomas Michelin. Y el bar La Estación no consigue una estrella Michelin ni con una tirada… de cerveza gratis de por vida para todos los jurados…

En fin… Antes era una estación de “servicio”. Ahora te dan ganas de hacerles un nudo de horca hasta con la manguera del kerosene.

No piso más.

 

MALABAR de la laguna

 

Supuestamente, es el parador más trendy del costero donde por muchos años estuvo Jasón. Qué ironía. Ahora dan un servicio de terror…

Por empezar: no esperes un “Buenas noches, bienvenidos, que la pasen bien”. El muchachito camarero vino casi como haciendo un favor y preguntando apurado: ¿les traigo la carta?. (Y sí, o contame qué tienen para ofrecer, porque la bola de cristal me la olvidé en casa…).

Le pregunté que sugería, si tenían alguna especialidad. Me dijo que la hamburguesa de vacío triturado. OK, marchen 4 entonces. Para qué!. Horribles!. Unas hilachas de carne nadando en aceite con un perejil seco más desubicado que mostaza en salmón.

Urgente había que bajar con algo esa fritanga asquerosa. Pero… nunca nos sirvieron las cervezas!!!. Ni siquiera las botellitas de agua. De no creer. Obvio, hubo reclamos, y naaada.

El pibe que nos había “atendido” jamás volvió a la mesa para explicar el hecho. Mucho menos para dar una disculpa. Sólo se limitó a decir que estaba “comandado”. Encima se hacen los bananas queriendo usar palabras que se aprendieron hace 2 meses junto a IPA y jengibre. Mirá flaco, prefiero que hables en indio y me traigas el “pedido” como la gente. (Esto lo estoy escribiendo acá, no se lo dije aunque bien se lo merecía).

 

Si querés que te odie, lleval@!!!. (Y llevame va sin tilde).

 

A 3 metros de la mesa, charlando en la barra pero de espaldas, estaba el dueño de Malabar. Ni bola!. No porque no se enteró sino porque no le importó un soto dejar el celular para reparar el absurdo. Digamos las cosas como son. Se llame Villafañe o Maradona. Malabar Costero muestra clarito lo que es poner un bar por hobby o porque «les“sobra”, con cero vocación de servicio. Ni haciendo malabares se puede sostener un negocio así.

Es como que les molesta si vas. Peor aún, se “esmeran” en hacer que no vuelvas. En lograr, por ejemplo, estos comentarios lapidarios que quedan para siempre en Google. Seguramente por muuucho más tiempo de lo que les dura la aventura empresaria…

 

Me pregunto: si el fin del lugar es que la gente vaya sólo a tomar una birra y mirar el atardecer… ¿para qué abren de noche o pretenden “dar de comer”?. Porque ahí empieza la falta de respeto.

 

¿Querés abrir un bar sólo para tus amigos?. OK flaco, enchufá la Play en tu casa y tomate un fernet, pero no estafes a la gente, que encima la cosa no está para andar revoleando de a 500 mangos porque a vos no te cope atender a quienes no conocés.

Nos les da. Y obvio que no me refiero a presupuesto… La gastronomía es uno de los rubros más exigentes y complicados. Requiere no sólo del “capital de papi” sino de recursos vitales como una buena selección de personal, ya sea cocineros, bartenders, meseros y hasta RRPP.

 

Tener 1 pibe en el fondo con un hornito pizzero y 2 pibas que se abatatan hasta para traer la carta es un insulto a “poner un bar”. Tampoco te digo que se precise la memoria de los mozos del Tortoni, pero al menos un protocolo básico.

¿La chica se confunde?. Al instante trae el correcto y pide la disculpa que corresponde. ¿Salió mal el plato o con una demora inadmisible?. Va descuento, postre o café gratis y, por supuesto, la disculpa pertinente. No es mucho pedir. Bueh, en Junín parece que sí…

Y sí se puede salvar la situación. Una vez me pasó en Tancredo y hubo postre “compensatorio”. También en Bistró, donde hasta el chef se acercó a la mesa para aclarar que el sabor raro se debía al punto pasado de cocción. Lo opuesto a lo que muestran estos improvisados de cuarta.

 

CONCLUSIÓN:

La experiencia de El Gran Dauphine es la vara. De ahí para arriba.

La Estación y Malabar Costero entran en la categoría errores de marketing (por no decir garketing) que se potencian con malas actitudes personales (falta de empatía, abulia, incapacidad, destrato). Camino al fracaso.

El marketing no sirve de nada si no lo sustentás con un propósito que haga foco en el cliente. Ej: si tenés un bar pedorro pero atendés bien, con empatía y simpatía, capaz te funciona. Pero al revés, de ninguna manera. Por más chapa y madera destroyed, luces kermesse y carteles galvanizados que le metas. Al margen, basta de copiarse!. Muchachos, hay otras opciones además de Pinterest para ambientar una cervecería artesanal… Y Antares ya existe.

Y basta de vender humo en Instagram, donde son reee cancheros y comunican una imagen que nada tiene que ver con la verdad de la milanesa.

Mucha “pinta” de afuera y adentro te quieren cobrar por bueno un servicio roñoso.

Verodicto: elegí el Dauphine o alguno más tradicional pero seguro. Si querés ir a La Estación o Malabar Costero, andá, pero después no digas que no te avisé…

Provechito.


BONUS…

Increíble performance!!. Lo que puede hacer un pan duro para salvar la pésima atención en La Estación…

 

 

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