Tengo corona…

 

Y sí. Corona porque es más que coronita

Hay que quedarse en casa y yo gozo el doble privilegio de poder hacerlo con ella. Primero, porque las mascotas no se infectan ni contagian el virus. Segundo, pero principal!!!, porque está viva gracias a los cracks que la operaron en Pergamino.

Ayer hizo 1 mes que a Flocki, mi simbiótica perra Boxer, le extirparon un complicadísimo tumor en la base del cráneo que le estaba deteriorando, de modo irreversible, su movilidad.

Si bien no tiene que ver con el marketing ni con la pandemia, quiero compartir públicamente mi reconocimiento a quienes lo hicieron posible: Pablo Zarrabeitía y Martín Kritoser.

 

 

 

La guardiana con mejor porte. Y la más cool…

 

Quizás fue casualidad. Aunque muchos dirán que no. Que “los bichos” absorben energías y se mimetizan con sus dueños o familia. (Me contaron historias increíbles sobre síntomas en espejo…).

En los últimos meses de la enfermedad de mi mamá, decidí instalarme con ella para acompañarla en absolutamente todo lo que fuera necesario. Y Flocki estuvo ahí con nosotras. La última semana de diciembre, cuando mami ya no pudo levantarse de la cama, Flocki empezó a caerse de cabeza. Literal. Sus patas delanteras ya no le respondían. Y tras el fallecimiento de mami, quedó casi postrada. Apenas podía pararse a fuerza de corticoides. Creer o reventar…

Por recomendación de su veterinario en Junín, la llevé a lo del renombrado «vasco” en Pergamino. Pablo Zarrabeitía en un capo en la región (y más), sobre todo en temas óseos. Pero ni bien la vio, descartó la posible hernia de disco que le habían diagnosticado en Junín. Lamentablemente, era algo peor…

El 10 de febrero, le hicieron una resonancia con contraste en el Instituto del Diagnóstico. Le salió clarito un meningioma comprimiendo la médula. La única opción era sacarlo. De lo contrario, ella iba camino a la cuadriplejia y yo, a tener que sacrificarla en cuestión de días. Sólo el que tiene mascota puede entender lo que eso significa.

El único que podía hacer este tipo de intervención era el neurocirujano Martín Kritoser. “Es el que operó a mi mamá”, dijo sorprendida una señora cuando escuchó su nombre dentro de la veterinaria. Efectivamente. Kritoser es un médico “humano” del staff de Clínica Pergamino. Sí, en estas instancias es cuando confirmás lo difuso que es el límite entre las criaturas más domésticas del universo. Es más, no faltó quien me preguntara: ¿pero vos estás hablando de un perro o una persona?. Te juro que al corazón le cuesta horrores la diferencia. Y por lo visto, la anatomía tampoco se esmera en separarnos demasiado…

En el medio de todo esto yo tenía previstas mis vacaciones. De hecho viajé a Entre Ríos y a los 3 días me tuve que volver para operarla casi de urgencia. Así fue que el 15 de febrero, me encontré de nuevo con esa angustia que es esperar que el cirujano abra la puerta con buenas noticias. Para colmo sabía que era complicado, que había cosas que podían fallar. Por suerte, o mejor dicho por la pericia de los profesionales, todo resultó como debía ser.

Después de casi 2 hs., Kritoser salió con la tranquilidad de los cirujanos que saben lo que hacen para explicarme con qué se había encontrado, cómo había sido la técnica para llegar a la médula y aspirarle el gelatinoso tumor de modo, obviamente, de no dejar secuelas (o las menos posibles pese al necesario ”toqueteo” en una zona tan crítica). De verdad creí que tendría que llevarla a rehabilitación durante semanas. Sin embargo, Flocki empezó a mostrar signos positivos desde que despertó de la anestesia (lo cual no es poco a su edad).

Pese a sus casi 11 años, Flocki evolucionó de 10. No sólo volvió a pararse, sino que recuperó desde sus bostezos y graciosos ronquidos hasta algo tan básico como mover el rabo de alegría.

La sutura que simboliza que lo imposible es posible en las manos indicadas…

 

Ahora todo queda en manos de la vida. Hasta que Dios quiera o el techo biológico de la raza lo permita, voy a poder disfrutar de este personaje que sin dudas ya dejó huella en mis últimos 10 años de existencia.

Confieso que me asusté mucho. Después de lo de mami fue muy fuerte para mí seguir hablando de enfermedad, estudios, tumores y quirófanos… Pero, repito, por suerte y por la capacidad de dos profesionales ejemplares, hoy puedo dar GRACIAS y recomendarlos para todos los que sientan que ya no hay nada para hacer con su amor incondicional de 4 patas.

Como dije en la nota en homenaje a mami, esta experiencia sirve para alentar a otros que les toque pasar por algo similar. Para ver la importancia de no dejar de intentar. Hasta cuando parece que no queda otra que un final inminente, existe la posibilidad de dar con las personas justas para cambiar la historia. Y eso, creeme que es impagable…

 

 

 

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