En memoria de Flavia…

Vero-Rezk-espejo
El 31 fue especial. El honesto espejo (el mío no miente ni deforma como dijo Dolina) me devolvió esta cara de “así no puedo decir nada”. Pocas veces me pasa que no me sale ni una p– obre palabra.

Cuando se suponía que debía crear algo divertido para despedir el año, me “vi sintiendo” lo que seguro me hubiera arrepentido de expresar en caliente.

Es que esa misma mañana, estuve en Morse en el entierro de una niña de 24 años que se fue sin lógica ni consuelo alguno.

Todo el pueblo triste e impotente. Había vecinos llorando en las veredas. Flavia era adorable y lo que le tocó como destino excedió el delirio del más pesimista.

Muchos se enojaron con la vida, con los médicos, con Dios. A propósito, justo el día que ella falleció, pasaron por mi puerta Testigos de Jehová. Pensé: así pasen evangelistas, mormones o el propio Papa en persona, nadie es capaz de explicar estas injusticias.

Un nene adoctrinado (divino) que repetía el mensaje de La Atalaya, me entregó un folleto sobre “El FIN”. Dice que los justos habitarán la tierra y los que practican la injusticia serán arrancados de ella. Es más, afirma que Dios acabará con los malos y protegerá a los buenos. Si hay que aplicarlo en estos casos, es una cargada (por ser elegante) de tremendo mal gusto.

La fe no resiste análisis. Es sólo eso: fe. Por eso me cuesta entender a los que quieren racionalizarla o convencerte con argumentos que caen por el simple peso de la realidad…

Al nene, de apenas unos 8 años, le enseñaron muy bien el relato de lo predecible y la verdad absoluta. Yo le enseñaría al menos a dudar si en la vida que deberá transitar manda la Biblia o los efectos, consecuencias, casualidades, causalidades, merecimientos, buena o mala suerte, buenas o malas coincidencias, fatalidades y malditos sinsentidos (todo al mismo tiempo y en todo el planeta).

Por eso, mientras los Lanatta andan a los tiros como si jugaran al paintball, y quizás hasta salen “sanos y salvos”, a gente joven como Flavia, con las mejores cualidades e intenciones, algo les marca un caprichoso e intolerable final.

Así de imperfecto es el mundo. El que muchas veces maravilla y el que otras tantas horroriza e indigna.

Por todo esto, no pude. Ni el 31 ni el 1 tuve ganas de publicar mensajes festivos. Pero hoy sí, y más que nunca, quiero compartir para el 2016 el deseo más importante de todos: 

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