(No des tela para cortar…)
 
Qué ironía. En la última nota traté sobre el marketing “color esmeralda”. Y ahora te voy a contar un caso local que muestra lo verde que están muchos en atención al cliente.
El viernes fui a Green, la retacería de Hipólito Yrigoyen casi Paso (al lado de un chino).
retaceria-Green-Junin-cartel
Necesitaba una tela “vintayona” y ese lugar tiene de todo. Es más, creo que ningún otro lo arrima en cantidad de opciones (por eso se justifica/ba cruzar media ciudad). Es como estar en pleno Once.
El tema es que tanto stock, lo desbordó. Literal. El muy modesto local se quedó sin bordes entre la mercadería y la gente.
De hecho, sobre el portón de garaje (en línea de vereda) hay un cartelito a mano alzada que pide no ingresar hasta que abran la puerta…

 
retaceria-Green-Junin-porton
Pensé que en una especie de flashmob, alguien aparecería cantando el arroz con leche. “Que sepa coser, que sepa bordar, que sepa abrir la puerta para ir a jugar”…
Pero no. Otro literal. Tenés que esperar que salga algún cliente para que te habiliten el paso, que desde afuera ya se ve, por cierto, very dificul…

rollos-telas(Sí sí, casi igual a este local de Burzaco)

 
Raro que no te toman el perímetro de cintura, porque cruzar el túnel de “bienvenida”  con un talle XL, lo pongo en tela de juicio…
Menos mal que, como a los 41 (años) sigo clavada en los 60 (kilos), pude hacerlo casi con roce de chifón. Aunque no me faltó demasiado para atascarme entre los rollos de doble ancho y salir expulsada como chorro de sifón.
Al revés que los perros de Guido, el desafío es que no se te caiga nada. Lo hice. Mirá la repe!!!. Mínimo tendrían que dar una Singer de premio!.

compras telas Once(No soy yo, es foto ilustrativa de Revista Ohlalá)

 
Al final del primer cuello de botella, a la derecha, hay un anexo. O mejor dicho, el local “dobla”. Y de nuevo. Una cadena de pared a pared sostiene un cartelito con el “amigable” mensaje de NO PASAR (en composé con otros de “no tocar”, “no mover los rollos”, etc).
Eso sí, unos nenes de la familia anfitriona burlaban la veda en su debut como cebadores de mate. Parece que para la friselina blanca no es lo mismo la huella digital de una curiosa Rosa que no mira de lejos que una mancha de yerba Piporé.
En fin… Doble stop y aún no llegué al mostrador!. (Te lo cuento en presente para darle más dramatismo…).
Pedí sin vueltas el tipo de textura y colores específicos para unos almohadones. Y ohhh, qué puntería, el tesoro estaba en el sector prohibido. Entonces, querido Blas, no quedó otra que oíd el ruido de rotas cadenas…
Siguiendo a la vendedora como guía de desbroce amazónico, le pregunté el por qué de la situación. Dijo que llegó todo lo de la nueva temporada cuando aún no habían podido acomodar lo anterior. Traduciendo: éramos pocos y parió la par-tela…
Tuvo que pedir asistencia a otro vendedor porque era imposible sacar los rollos de atrás de los otros rollos que estaban adelante de los demás rollos… ¿se entiende?. Bueno, eso.
Al menos en ese instante de viernes, los enormes tubos resistieron en pie como en la canción de Es-tela Raval.
Ja!. Ahora te quiero ver. Prueba de destreza. Darse vuelta en menos baldosa que Messi y desandar el camino hacia la caja.
Ahí no podría jamás comprar la costurerita que dio el mal paso de Carriego, porque queda sepultada bajo el alud de chenil terracota.
Ya que nombré un color, hago un paréntesis para mostrarte una a favor: Green tiene hasta la cortina del portón en verde. (No como «Verde que te quiero» de Gral. Paz que es marrón…).
Lástima que el video club de Av. Arias se llama igualito y casi con la misma letra…
 
Green-Junin
El cobro es el momento cúlmine de la atención. La señora/dueña no paraba de hablar con la hija/nuera (lo mismo da) sobre un temita familiar. No es la primera vez que en un negocio escucho eso. Se cuentan detalles domésticos como si estuvieran en la cocina y el cliente fuera el dibujo del viejo quákero de la avena.
Me repitió el precio del papelito escrito por el vendedor, mientras seguía hablando, comiendo y concentrada en el “trascendente y oportuno” diálogo.
Le di hasta el cambio que “revisó” totalmente dispersa. A una clienta anterior le había dado 10 pesos menos de vuelto por ese motivo.
Agarré la bolsita generosa (de género) y saludé con el automático “chau, gracias”, ya pensando en el blog. La señora y su interlocutora jamás interrumpieron su pintoresco debate para despedirme.
Algunos dirán “¿Y por qué no te quejás ahí mismo”?. Porque aprendí que no sirve. Para el dueño es tan normal que no lo registra (aunque esté frente a una paradójica caja registradora…). Tiene tan naturalizado el ego-hábito que seguro cree que vos sos la desubicada con el planteo.
Es como pretender que te atienda simpática y empática la doña de la zapatería frente al estacionamiento de La Anónima centro. En esos casos, no pisás más ni descalza y listo.
La enoooorme competencia, física y digital, empodera al consumidor. Podemos comprar por Netshoes (mis últimos pares fueron por click) e incluso telas o tapizados por Mercado Libre.
¿Entonces?.
Contándolo acá, y esa es la idea, sirve para que otros no repitan el patrón o rompan el molde.
Singer-vintage


Pensar que las empresas que son paradigma de éxito mundial dicen que los clientes son invitados y que deben vivir la experiencia de sus vidas. Ni hablar si esos clientes son mexicanos y tienen mucha “tela” para gastar…

Pues ni modo que comprarían en Green, y no precisamente porque prefieren el colorado chapulín.
 
CONCLUSIÓN
Algo me quedó claro. Green no es retacería para sastres. Más bien, hace desastres en atención al cliente.               
Los negocios que manejen así su línea de fuego (contacto con el cliente), penden de un hilo.
Los espacios ordenados, limpios, humanos y cordiales no deben ser jamás la aguja en un pajar. Deben ser el punto de partida para que la relación comercial quede reforzada como bolsillo de Levi’s.
Para sobrevivir y aún crecer en estos tiempos, no queda otra que ATENDER BIEN.
Tampoco se necesita que un Echarri en pelotas te traiga los rollos de la textil de La Leona.

Con decir “Hola, ¿qué necesitás?, hasta luego, gracias por tu compra”, digaaaamos que alcanza, aunque en la mayoría de los negocios juninenses, estos “detalles” son un lujo de haute couture.
 

Últimamente veo mucha preocupación por el dengue, el zika y la chikungunya (te juro que no inventé la palabra). Pero tan importante como descacharrizar para evitar la cría del Aedes Aegypti, es combatir estos virus que pueden ser mortales en cualquier rubro y zona geográfica.
Es utópico seguir arengando (politizando…) con los “Centros Comerciales a Cielo Abierto” cuando un 90% no logra corregir ni las cuestiones más básicas bajo su propio techo…
Según pinta, para el asociativismo y el marketing esmeralda, aún estamos muuuuy verdes.


PD: Recibí varios comentarios de clientes que pasaron por la misma experiencia. Y peor!. Hasta me contaron que una vez tuvieron que llamar a la policía porque la dueña casi se trompea con una señora que le reclamaba por un retazo de encaje mal cortado… De no creer! (que siga abierto…).